Sobre no ser un tiburón

Nunca he sido competitiva. Yo soy de las que quiere que todo el mundo gane una medalla solo por participar. Me parece que todos deberíamos tener un lugarcito en el podio de los “ganadores”. Lo digo de verdad, desde el corazón.

No sé jugar cartas, no practico deportes y en Monopoly siempre pierdo. Básicamente mi hermana me hace trampa y yo ni me doy cuenta, porque el día que repartieron la competitividad yo llegué tarde y ya no quedaba.

Esto nunca ha sido un problema para mí, porque yo no quiero “ganar” nada. Yo con participar tengo.

Pero resulta que tengo un negocio. Y a veces, para que un negocio crezca, se necesitan ciertas habilidades que yo parezco no tener.

 Hace poco me enfrenté a un proyecto muy grande, de esos que te dan miedo desde el día uno, pero a los que igual les dices que sí porque sabes que pueden llevar tu mensaje a muchas más mujeres. En un mundo donde la delgadez extrema vuelve a intentar imponerse, nosotras tenemos que gritar más fuerte que somos lindas todas.

Así que, como en todos los proyectos en los que participamos, nos pusimos —como hormiguitas— manos a la obra, con mucho propósito y compromiso.

 Fueron seis meses de trabajo: cronogramas, organización, planificaciones, reuniones, algunos nudos y algunos retos, como en todas las cosas de la vida adulta. Pero en algún momento del proceso sentí que quizá yo no tenía las habilidades para tener una empresa “millonaria”, una empresa “ganadora”. Pensé que, tal vez, el día que repartieron ese talento yo tampoco había nacido.

 Y por unos minutos me sentí mal. Pensé, llena de pesar: no estoy preparada para la vida.

Pero luego entendí algo.

 Yo nunca he querido ser un tiburón de los negocios. Nunca he querido tener un imperio. A mí esas cosas me abruman.

 Yo sentía que no encajaba en ese mundo, y por eso decidí crear mi propio lugar en el mundo: una empresa amigable, donde todas podamos ser felices desde la autenticidad. Un lugar donde no exista la competencia, donde todas tengamos un espacio. Un sitio que quizá no se parece al mundo exterior… pero que existe.

 Existe porque yo lo creé.

Porque quiero que siga siendo así.

Y eso está bien.

Y si no soy millonaria, pues no seré. Pero al menos no tendré que competir.

 En Project Glam hemos logrado cosas grandes. Hitos importantes que no le he visto alcanzar a casi nadie. Y siempre lo hemos hecho de la misma manera: trabajando con amor, con constancia, con disciplina, con inclusión y apoyándonos las unas a las otras.

 El trabajo habla por sí mismo. Nunca he tenido que ir a figurar a ningún lado ni posar en redes sociales. Y no me malinterpreten: no digo que eso esté mal. Solo digo que yo no nací ese día. Y eso también está bien.

 Este domingo 15 de marzo, Project Glam cumple 11 años.

 Once años en los que he sido muy feliz. Once años en los que he podido verme ser muchas Dani. Once años en los que mi equipo ha luchado conmigo para que salgamos adelante todas juntas, con muchísimo amor por lo que hacemos.

 Feliz cumpleaños, Project Glam. Gracias por salvarme la vida.Gracias por enseñarme que para vivir de lo que amamos no hace falta ser un tiburón.

A veces, con ser sardinita también alcanza.

Siguiente
Siguiente

Sobre tener hambre